Separarse bien. Nayra nov 18

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Hoy en día en nuestra sociedad y dado el cambio que se ha ido produciendo en el concepto de familia y pareja, se ha dado lugar a modelos más flexibles en las relaciones conyugales, pero también más cambiantes y por tanto más complejos a nivel relacional.

Esta complejidad ha ido generando nuevas realidades, en ocasiones conflictivas, que resolver; cómo es el caso de las custodias, los hijos, las propiedades… En la corta historia del divorcio desde que se legalizó en España en 1981, como sociedad hemos ido intentando encontrar soluciones para adaptarnos a esta nueva situación, pasando por diferentes etapas. Quizás estas soluciones hayan sido mayormente enfocadas cómo un problema legal, pero resolver el problema legal no soluciona los conflictos emocionales, relacionales y las consecuencias en relación a la salud mental de los hijos y de los adultos a raíz de una mala gestión.

Desde los profesionales que nos dedicamos a la salud mental podemos llegar a considerar más conveniente una separación que una relación en eterno conflicto. ¿Pero qué pasa cuando la separación sólo es un espacio diferente para escenificar los conflictos no resueltos de la pareja? En este nuevo escenario, con la falta de acceso de un cónyuge al otro, muy probablemente se pongan los hijos en juego, o se intensifique su participación si ya estaban en medio de la pareja, haciéndolos intervenir en procesos de alianzas, de lealtades, en luchas de custodias…, participando en lo que en psicología sistémica llamamos triangulaciones.

Cuando las parejas no pueden superar sus conflictos acuden a la ley para que medie entre ellos, pero las leyes no resuelven todo el intricado mundo emocional de las relaciones de pareja; la frustración, rabia, los agravios, el desencuentro, la necesidad de venganza, los duelos, permanecen una vez dictada sentencia haciendo en ocasiones que los niños se vean en medio de los padres, mediando, decidiendo el bueno y el malo, protegiendo en lugar de ser protegidos, culpando, saltándose límites. Situaciones que generan toda una sintomatología emocional tanto en los adultos cómo en los menores que en ocasiones les pueden ir acompañando durante la vida adulta.

Cómo psicóloga y terapeuta de familia, pienso es importante que las parejas tomen conciencia que no pueden resolver únicamente por vía legal lo que es un conflicto relacional y que incluso tomar exclusivamente una opción legal puede aumentar la conflictividad y sus consecuencias. Desde la psicología sistémica invitamos a la parejas sumergidas en estos procesos tan dolorosos a buscar ayudar para este momento tan difícil en nuestra experiencia vital.

En el equipo de Te-sis contamos con profesionales preparados para ayudar tanto a personas cómo a familias, a afrontar y gestionar este proceso vital y, también, a paliar las consecuencias psicológicas.

 

Nayra Expósito

Psicóloga y Terapeuta Familiar

Miembro Equipo de Te-Sis

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